
La eficiencia de la aerotermia con radiadores antiguos no depende de la potencia de la máquina, sino de la correcta integración y reequilibrio del sistema hidráulico existente.
- Un equipo sobredimensionado provoca ciclos cortos, disparando el consumo hasta un 30% y acelerando el desgaste del compresor.
- La clave no es calentar el agua a 70°C como una caldera, sino permitir que el calor se disipe eficazmente a menor temperatura (45-55°C), lo que requiere un volumen de agua mínimo en el circuito.
Recomendación: Exigir siempre un estudio de cargas térmicas detallado (norma UNE-EN 12831) antes de cualquier instalación y desconfiar de soluciones «universales» o cálculos basados únicamente en metros cuadrados.
La factura del gas se ha vuelto insostenible para muchos propietarios y la idea de cambiar a un sistema de climatización renovable como la aerotermia es cada vez más atractiva. Sin embargo, surge una duda fundamental que frena la decisión: ¿qué hago con mi instalación de radiadores de aluminio actual? La perspectiva de levantar todo el suelo para instalar un sistema radiante es, para la mayoría, una obra inviable. Es entonces cuando aparecen los «on-dits» del sector: que no es eficiente, que los radiadores no calentarán lo suficiente o que el consumo eléctrico se disparará.
La conversación suele centrarse en si se necesita una bomba de calor de «alta temperatura» o si hay que cambiar todos los radiadores por unos de «baja temperatura». Si bien son factores a considerar, a menudo ocultan el verdadero núcleo del problema. La clave no está en replicar el funcionamiento de una caldera de gas, que trabaja con un gran salto térmico (ΔT) impulsando agua a 70-80°C, sino en comprender y adaptar el sistema térmico en su conjunto a un nuevo paradigma: el de la aerotermia, que es más eficiente cuando trabaja a temperaturas de impulsión más bajas y constantes.
Pero entonces, ¿cómo se consigue un confort adecuado con agua a 45-55°C en radiadores diseñados para trabajar a 70°C? Aquí es donde entra en juego la ingeniería del sistema. La viabilidad del proyecto no reside en comprar la máquina más potente, sino en reequilibrar el sistema hidráulico. El verdadero reto no es generar el calor, sino asegurar que el volumen y el caudal de agua del circuito son suficientes para que la bomba de calor trabaje en su punto óptimo, evitando los destructivos ciclos cortos de arranque y parada. Este es el verdadero secreto para una transición exitosa y eficiente.
En este análisis, abordaremos desde una perspectiva técnica las claves para tomar la decisión correcta. Desglosaremos los componentes críticos, los mitos más extendidos y las estrategias de optimización para que la aerotermia no solo sea compatible con sus radiadores antiguos, sino que se convierta en una inversión inteligente y rentable a largo plazo.
Índice: Aerotermia y radiadores existentes, la guía definitiva
- ¿Necesitas un depósito de inercia gigante o hay equipos de aerotermia compactos para pisos?
- ¿Hace mucho ruido la unidad exterior de la aerotermia como para molestar a los vecinos?
- Aerotermia híbrida: ¿merece la pena mantener la caldera de gas vieja como apoyo?
- ¿Por qué una máquina sobredimensionada se estropea antes y consume más («ciclos cortos»)?
- ¿Cuánto tienes que subir la potencia contratada al instalar una bomba de calor?
- Suelo refrescante: ¿es verdad que condensa humedad y resbala o es un mito?
- Batería virtual vs. Batería física: ¿dónde guardar la energía que te sobra en verano?
- Suelo radiante por agua o eléctrico: ¿cuál compensa instalar en una reforma integral?
¿Necesitas un depósito de inercia gigante o hay equipos de aerotermia compactos para pisos?
Uno de los mayores temores al adaptar la aerotermia a radiadores es la necesidad de un depósito de inercia. La imagen de un voluminoso tanque de 200 litros en un piso de 80 m² es un factor disuasorio. Desde un punto de vista técnico, su función es crucial: añade volumen de agua al circuito. Las bombas de calor necesitan un volumen mínimo para modular correctamente y evitar los ciclos cortos de arranque/parada, especialmente cuando los radiadores, equipados con válvulas termostáticas, se cierran y reducen drásticamente el agua en circulación. Sin esta «reserva» de agua, el compresor sufre y la eficiencia cae en picado.
Afortunadamente, la tecnología ha evolucionado. La idea de que se necesita un depósito gigante es un mito heredado de instalaciones antiguas. Para una vivienda estándar, el cálculo de la Guía Técnica de Biomasa del RITE recomienda entre 20 a 30 litros por kW de potencia instalada. Para una máquina de 5-6 kW típica en un piso, esto se traduce en un depósito de 100-180 litros, pero hay soluciones mucho más integradas. La clave está en no pensar en el depósito como un acumulador de ACS (Agua Caliente Sanitaria), sino como un simple estabilizador del circuito de calefacción.
Para visualizar las opciones disponibles, la siguiente ilustración compara una solución tradicional con una de las alternativas compactas que están ganando popularidad en las reformas de pisos.

Como se puede apreciar, las soluciones modernas se alejan mucho del tanque industrial. Existen depósitos «slim» de 30-50 litros que se pueden instalar dentro de un armario de cocina o en un lavadero. Además, muchos fabricantes ofrecen equipos de aerotermia «todo en uno» que integran un pequeño depósito de inercia y el acumulador de ACS en una única unidad interior del tamaño de un frigorífico, o soluciones bibloc murales (hydrobox) que se cuelgan en la pared y se combinan con un acumulador separado. Estas opciones resuelven el problema del espacio sin sacrificar la estabilidad del sistema térmico.
¿Hace mucho ruido la unidad exterior de la aerotermia como para molestar a los vecinos?
La preocupación por el ruido de la unidad exterior es legítima, especialmente en edificios de viviendas donde la proximidad con los vecinos es máxima. El sonido proviene principalmente del ventilador y del compresor. Los fabricantes han invertido enormes recursos en minimizar este impacto, utilizando compresores con aislamiento acústico, ventiladores de baja revolución y modos de funcionamiento «silencioso» para la noche. El nivel de presión sonora de una bomba de calor moderna se sitúa, según mediciones de fabricantes líderes, en un rango de 41,5 a 65 dB(A), medido a pocos metros de la unidad.
Para poner esta cifra en contexto, 65 dB(A) es el equivalente a una conversación en voz alta, mientras que 40 dB(A) se asemeja al ruido de una biblioteca. Sin embargo, lo más importante no es el valor absoluto, sino el cumplimiento de la normativa local. En España, el Código Técnico de la Edificación (CTE) y las ordenanzas municipales establecen límites estrictos de inmisión de ruido en las viviendas colindantes. Estos límites varían según la zona y el horario, siendo mucho más restrictivos durante la noche.
La siguiente tabla resume los límites de ruido más comunes según la normativa española, que sirven como referencia para cualquier instalación. Estos valores se miden en el interior de la vivienda del vecino, no junto a la máquina.
| Zona | Límite Día | Límite Noche |
|---|---|---|
| Zonas residenciales | 55 dB | 40 dB |
| Zonas mixtas y pueblos | 60 dB | 45 dB |
| Interior dormitorios | 35 dB | 30 dB |
Con una planificación adecuada, es perfectamente posible cumplir con la normativa. Factores como la ubicación de la unidad exterior (evitando patios interiores pequeños que hagan eco), el uso de soportes anti-vibración de calidad y la correcta programación de los modos nocturnos son fundamentales. Un equipo bien instalado y de un fabricante reconocido no debería ser una fuente de conflicto vecinal.
Aerotermia híbrida: ¿merece la pena mantener la caldera de gas vieja como apoyo?
La idea de «hibridar» la nueva bomba de calor con la caldera de gas existente puede sonar a solución a medias, pero desde el punto de vista de la ingeniería, es una estrategia muy inteligente en ciertas circunstancias. El rendimiento (COP) de una bomba de calor disminuye a medida que la temperatura exterior baja. En climas muy fríos y húmedos, el equipo necesita realizar ciclos de desescarche para eliminar el hielo del evaporador, consumiendo energía extra y reduciendo su capacidad de calefacción. Es en este «punto de equilibrio» donde la caldera de gas puede entrar en acción.
Un sistema híbrido bien configurado utiliza la aerotermia como fuente principal de calor el 90% del tiempo. Solo durante los picos de frío más intenso (por ejemplo, por debajo de 0°C o -5°C), el sistema de control activa automáticamente la caldera de gas como apoyo. Esto evita que la bomba de calor trabaje en su zona de menor eficiencia y previene la necesidad de sobredimensionar la máquina solo para cubrir unos pocos días de frío extremo al año. Como se ha visto en estudios de caso en España, la climatología es determinante: en zonas como los Pirineos, una aerotermia puede ser muy eficiente pese al frío por la baja humedad, mientras que en zonas de la meseta con nieblas persistentes, el apoyo puede ser crucial. Un sistema híbrido puede mantener un COP estacional de 3.2 incluso en estos climas.
La decisión de mantener o no la caldera no debe tomarse a la ligera. Implica evaluar varios factores económicos y técnicos. Aquí hay una lista de puntos clave a considerar:
- Clima local: Calcular el número de días al año en que la temperatura media en su municipio es inferior a 0°C.
- Coste energético: Comparar el coste del kWh eléctrico (con tarifas PVPC o fijas) frente al coste del kWh de gas (tarifa TUR o libre). El punto de equilibrio económico puede variar.
- Mantenimiento: Evaluar el doble coste de mantenimiento anual que supone tener dos sistemas (revisión de la caldera y de la bomba de calor).
- Normativa futura: Considerar las directivas europeas que apuntan a la eliminación progresiva del gas en el sector residencial, lo que podría afectar a la viabilidad a largo plazo.
- Estado de la caldera: Si la caldera tiene más de 10-15 años, su eficiencia será baja y podría no merecer la pena mantenerla.
Un sistema híbrido es una solución de transición excelente para climas continentales, permitiendo una inversión inicial en la bomba de calor más ajustada y garantizando el confort en todo momento sin depender de costosas resistencias eléctricas de apoyo.
¿Por qué una máquina sobredimensionada se estropea antes y consume más («ciclos cortos»)?
En la climatización, la intuición nos dice «más vale que sobre a que falte». Con la aerotermia, este es uno de los errores más costosos. Instalar una bomba de calor más potente de lo necesario no mejora el confort; al contrario, lo degrada, dispara el consumo y acorta drásticamente la vida útil del equipo. Este fenómeno se conoce como «ciclos cortos». Una máquina sobredimensionada alcanza la temperatura de consigna del agua demasiado rápido. Al no poder modular su potencia lo suficiente hacia abajo, se ve forzada a parar. Como la demanda de calor de la casa sigue existiendo, el agua del circuito se enfría rápidamente y la máquina vuelve a arrancar. Este ciclo de arranque-parada constante es letal para el compresor, la pieza más cara del sistema.
Cada arranque del compresor genera un pico de consumo eléctrico y un estrés mecánico. Repetir esto cientos de veces al día es como usar un coche solo para trayectos de 1 minuto en ciudad: el motor nunca alcanza su temperatura óptima de funcionamiento, el consumo se dispara y el desgaste se acelera. Estudios sobre el impacto de los ciclos cortos han demostrado que una instalación sobredimensionada puede generar hasta un 30% más de consumo eléctrico que una correctamente dimensionada. La siguiente imagen ilustra el desgaste que este funcionamiento anómalo puede provocar en los componentes internos.

El sobredimensionamiento es, por tanto, el enemigo número uno de la eficiencia. Una máquina bien dimensionada, quizás apoyada por un pequeño depósito de inercia o un sistema híbrido, funcionará durante ciclos más largos y estables, modulando suavemente su potencia. Esto no solo garantiza el máximo COP y el mínimo consumo, sino que también asegura una vida útil del equipo de 15 a 20 años. Evitarlo es la principal responsabilidad del instalador y el principal derecho del cliente.
Plan de acción para un dimensionamiento correcto
- Exigir el estudio de cargas térmicas: No aceptar presupuestos sin un cálculo formal de las necesidades de calefacción de la vivienda basado en la norma UNE-EN 12831.
- Desconfiar de los atajos: Rechazar cálculos «a ojo» o estimaciones basadas únicamente en los metros cuadrados de la vivienda.
- Verificar las variables consideradas: Asegurarse de que el instalador ha tenido en cuenta factores clave como la zona climática, la orientación de la vivienda, el nivel de aislamiento de fachadas y cubiertas, y la calidad de las ventanas.
- Evaluar la solución de inercia: El estudio debe justificar la necesidad (o no) de un depósito de inercia y su volumen, evitando soluciones «estándar» que no se ajusten a la instalación.
- Priorizar la tecnología Inverter: Optar siempre por equipos con compresores de tecnología Inverter de amplio rango de modulación, capaces de ajustar su potencia a la demanda real de forma muy precisa.
¿Cuánto tienes que subir la potencia contratada al instalar una bomba de calor?
La instalación de una bomba de calor de aerotermia es uno de los mayores consumos eléctricos que se pueden añadir a una vivienda, por lo que la pregunta sobre la potencia contratada es inmediata y crucial. Una respuesta incorrecta puede llevar a dos escenarios negativos: quedarse corto y sufrir cortes de luz constantes por la actuación del Interruptor de Control de Potencia (ICP), o pasarse de largo y pagar un sobrecoste fijo en la factura eléctrica todos los meses, se use o no la aerotermia.
La potencia eléctrica que consume una bomba de calor no es su potencia térmica. Una máquina que entrega 8 kW de calor puede tener un consumo eléctrico nominal de solo 2 kW (gracias a un COP de 4). Sin embargo, hay que considerar los picos de arranque del compresor y el consumo simultáneo de otros electrodomésticos (vitrocerámica, horno, lavadora). Un hogar medio en España sin climatización eléctrica suele tener una potencia contratada de 3.45 kW o 4.6 kW. Al añadir la aerotermia, es casi seguro que será necesario un aumento.
La mayoría de instalaciones residenciales con aerotermia se mueven a los tramos de 5.75 kW o 6.9 kW. La elección dependerá del estudio de simultaneidad de consumos. Por ejemplo, si la bomba de calor consume 2.5 kW, la vitrocerámica 2 kW y el horno 2.2 kW, la suma supera los 6.7 kW. Aunque es raro que todo funcione a la vez a máxima potencia, el instalador debe calcular el escenario más desfavorable para recomendar el tramo adecuado. El siguiente cuadro muestra los tramos de potencia normalizados en España y su uso típico.
| Tramo | Potencia (kW) | Uso típico |
|---|---|---|
| Básico | 3.45 | Piso pequeño sin aerotermia |
| Medio | 4.6 | Piso medio con electrodomésticos |
| Alto | 5.75 | Vivienda con aerotermia básica |
| Superior | 6.9+ | Casa con aerotermia completa |
Una estrategia inteligente para no tener que contratar una potencia excesivamente alta es la gestión de la demanda. Algunos sistemas de aerotermia pueden comunicarse con medidores de consumo inteligentes y modular su propio consumo a la baja si detectan que se está cerca del límite de la potencia contratada. Además, la combinación con una instalación fotovoltaica puede aliviar enormemente la necesidad de potencia de la red durante las horas diurnas.
Suelo refrescante: ¿es verdad que condensa humedad y resbala o es un mito?
Una de las grandes ventajas de la aerotermia con un circuito de agua es su reversibilidad: puede producir calor en invierno y frío en verano. Si se combina con suelo radiante, se obtiene el llamado «suelo refrescante». La idea de un suelo que enfría la casa de forma silenciosa y sin corrientes de aire es muy atractiva. Sin embargo, circula un temor persistente: el riesgo de condensación. La imagen de un suelo mojado, resbaladizo y que puede dañar el pavimento (especialmente si es de madera) genera mucha desconfianza.
Este riesgo es real, pero completamente controlable con la tecnología actual. La condensación se produce cuando una superficie fría entra en contacto con aire húmedo, y la temperatura de esa superficie es inferior al punto de rocío del aire. Para evitarlo, los sistemas de suelo refrescante modernos son mucho más que simples tuberías de agua fría. Son sistemas de control complejos. Se instalan sondas de humedad y temperatura en las estancias clave. El cerebro del sistema mide constantemente la humedad relativa y la temperatura del aire, calcula el punto de rocío en tiempo real y ajusta la temperatura de impulsión del agua para que esté siempre por encima de ese umbral de seguridad.
El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) en España es muy claro al respecto y exige que la temperatura del agua impulsada se mantenga siempre entre 1-2°C por encima del punto de rocío calculado para evitar cualquier riesgo de condensación. En la práctica, esto significa que la capacidad de enfriamiento del suelo refrescante está limitada por la humedad ambiental. En climas secos como el del interior peninsular, el sistema puede trabajar a temperaturas más bajas y enfriar más eficazmente. En cambio, en zonas costeras como el Mediterráneo, con una alta humedad relativa en verano, la temperatura del agua deberá ser más alta para evitar la condensación, por lo que su poder de refrigeración será menor. En estos casos, el sistema a menudo se complementa con fancoils que, además de impulsar aire frío, actúan como deshumidificadores, mejorando el confort global.
Por tanto, el suelo resbaladizo no es un mito, sino una consecuencia de una instalación mal diseñada o sin los sistemas de control adecuados. Un sistema profesional y bien ejecutado es completamente seguro y no presenta ningún riesgo de condensación.
Batería virtual vs. Batería física: ¿dónde guardar la energía que te sobra en verano?
La combinación de aerotermia con paneles solares fotovoltaicos es la sinergia perfecta. En verano, los excedentes de producción solar pueden alimentar el sistema de refrigeración a coste cero. Pero, ¿qué hacer con la energía que sobra incluso después de cubrir los consumos? Tradicionalmente, la solución era una batería física. Sin embargo, en los últimos años ha surgido en España un concepto disruptivo: la batería virtual. La elección entre ambas opciones tiene implicaciones económicas y estratégicas muy diferentes.
Una batería física (de litio, generalmente) es un dispositivo que se instala en casa. Almacena la energía sobrante y permite usarla por la noche o en días nublados. Ofrece independencia de la red y maximiza el autoconsumo directo. Sin embargo, su coste inicial es elevado, tiene una vida útil limitada (10-15 años), requiere un pequeño mantenimiento y sufre una ligera pérdida de eficiencia en cada ciclo de carga y descarga.
La batería virtual no es un objeto, sino un servicio ofrecido por algunas comercializadoras eléctricas. Funciona como una «hucha» económica: la energía que viertes a la red no se te compensa a un precio bajo en la misma factura (como en la compensación simplificada estándar), sino que se «guarda» en forma de saldo en euros. Este saldo se puede descontar en las facturas de los meses siguientes, por ejemplo, para pagar el consumo de la aerotermia en invierno, cuando la producción solar es baja. No tiene coste inicial (más allá de una pequeña cuota mensual), ni mantenimiento, ni degradación.
A continuación, una tabla comparativa que resume las diferencias clave entre ambas soluciones en el contexto español actual.
| Aspecto | Batería Física 5kWh | Batería Virtual |
|---|---|---|
| Coste inicial | 4.000€ | 0€ (cuota mensual 3-5€) |
| Mantenimiento | Revisión anual | Sin mantenimiento |
| Vida útil | 10-15 años | Indefinida |
| Eficiencia | 90-95% | Variable según comercializadora |
| Caducidad excedentes | No caduca | 12 meses típicamente |
La estrategia óptima a menudo es una combinación inteligente. Antes de verter excedentes, se pueden aprovechar para «almacenar» energía de forma térmica: sobrecalentar el depósito de ACS hasta 70°C (creando una «batería térmica») o pre-enfriar la casa durante las horas centrales del día. La elección entre batería física y virtual dependerá del perfil de consumo. Para quien busca máxima independencia y tiene consumos nocturnos altos, la física puede ser ideal. Para quien tiene un gran excedente estival y quiere usar ese valor económico para pagar las facturas de invierno, la virtual es una opción imbatible.
Puntos clave a recordar
- El mayor enemigo de la eficiencia y la durabilidad en aerotermia no es el frío, sino una máquina sobredimensionada que provoca ciclos cortos de arranque y parada.
- Un depósito de inercia no tiene por qué ser un tanque gigante; existen soluciones compactas (30-50L) o equipos «todo en uno» que resuelven el problema de la falta de volumen de agua en pisos.
- En climas continentales fríos, mantener la antigua caldera de gas como apoyo para los días más extremos (sistema híbrido) puede ser más inteligente y económico que instalar una bomba de calor de mayor potencia.
Suelo radiante por agua o eléctrico: ¿cuál compensa instalar en una reforma integral?
Aunque este análisis se centra en aprovechar los radiadores existentes, en el contexto de una reforma integral, la pregunta sobre qué sistema instalar desde cero es pertinente. Las dos grandes alternativas son el suelo radiante por agua y el suelo radiante eléctrico. Ambos ofrecen un confort excepcional, liberan las paredes de radiadores y distribuyen el calor de forma homogénea, pero su tecnología, coste operativo y eficiencia son radicalmente distintos.
El suelo radiante eléctrico consiste en una malla o cable calefactor que se instala justo debajo del pavimento. Su gran ventaja es la baja inversión inicial y la simplicidad de instalación. Sin embargo, su eficiencia es limitada. Por cada kWh de electricidad que consume, genera 1 kWh de calor. Su rendimiento (COP) es, por definición, 1. Esto lo convierte en un sistema con un coste de funcionamiento elevado, solo recomendable para segundas residencias de uso esporádico o para espacios pequeños como un baño.
Por otro lado, el suelo radiante por agua, conectado a una bomba de calor de aerotermia, es el sistema de calefacción más eficiente que existe. El agua circula a baja temperatura (35-45°C), permitiendo que la bomba de calor trabaje con su máximo rendimiento. En estas condiciones, el sistema puede alcanzar un COP de 4 o 5 según análisis de eficiencia energética. Esto significa que por cada kWh de electricidad consumido, genera 4 o 5 kWh de calor. Su principal desventaja es una inversión inicial mucho mayor y una instalación más compleja.
El análisis de amortización depende directamente del uso. Para una vivienda principal de 150 m² en una zona como Valladolid, la inversión extra en el sistema por agua se amortiza en 6-8 años gracias al enorme ahorro en el consumo energético anual frente al sistema eléctrico. Sin embargo, para un apartamento en la costa que se usa dos meses al año, el ahorro anual nunca compensaría el sobrecoste inicial, haciendo del suelo eléctrico una opción más sensata. La elección, por tanto, no es técnica, sino puramente financiera y dependiente del patrón de uso de la vivienda.
Ahora que tiene una visión completa de las variables técnicas, económicas y prácticas, el siguiente paso es aplicar este conocimiento a su caso particular. Para asegurar una instalación eficiente, duradera y sin sorpresas, es imprescindible contar con un análisis profesional que trascienda los cálculos superficiales. Solicite siempre un estudio detallado de cargas térmicas y una propuesta que justifique cada componente del sistema térmico propuesto.